Ucrania aseguró este jueves haber ejecutado ataques contra refinerías de petróleo rusas ubicadas lejos de la línea de combate, mientras Rusia respondió con bombardeos contra objetivos ucranianos, entre ellos una estación ferroviaria y una embarcación en el mar Negro.
La nueva escalada evidencia una expansión de las operaciones de largo alcance, con ambos bandos dirigiendo sus ofensivas contra instalaciones consideradas estratégicas para el funcionamiento económico y militar del adversario.
Ataques ucranianos contra refinerías rusas
El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, confirmó ataques contra una refinería ubicada en Baskortostán, territorio ruso situado a más de 1.300 kilómetros del frente de batalla.
Además, se reportó una ofensiva contra otra instalación petrolera en la región de Yaroslavl, ubicada aproximadamente a 700 kilómetros de la zona de conflicto.
Las autoridades ucranianas han señalado en distintas ocasiones que sus ataques contra instalaciones energéticas buscan reducir la capacidad de Rusia para sostener sus operaciones militares.
Moscú reporta derribo de drones
El Ministerio de Defensa ruso informó que sus sistemas de defensa aérea derribaron 605 drones ucranianos en alrededor de una veintena de regiones de Rusia y en la península de Crimea.
En la región de Tver, fragmentos de un dron provocaron daños en la fachada de un centro logístico de Wildberries, una de las principales plataformas de comercio electrónico de Rusia. Según reportes, desde mediados de julio Ucrania habría atacado cerca de veinte instalaciones relacionadas con esta empresa.
En Yaroslavl, el gobernador Mijaíl Yevraiev calificó el episodio como el “ataque más masivo” registrado hasta ahora en la zona, con 92 drones derribados. La caída de restos ocasionó incendios en viviendas y daños materiales en vehículos.
Una guerra con objetivos estratégicos ampliados
Los ataques de largo alcance se han incrementado durante los últimos meses, afectando instalaciones energéticas, puertos, redes de transporte y centros logísticos.
La evolución del conflicto muestra una dimensión cada vez más híbrida, en la que la infraestructura crítica se ha convertido en un objetivo estratégico para ambos gobiernos, mientras aumentan los riesgos para la población civil en zonas alejadas del frente.