☁️ 26°
| Guayaquil, EC | Jueves, 2 de abril de 2026 | --:--
LEYENDO:
Opinión

La Traición en el Monumental

En los pasillos gloriosos del Estadio Monumental de Guayaquil, cuna del Barcelona Sporting Club, el palco de prensa era un balcón privilegiado, símbolo de prestigio para los cronistas del fútbol ecuatoriano. Durante la presidencia de un nefasto, esa joya arquitectónica se vendió sin pudor, un acto de desfachatez que dejó a los periodistas en la […]

La Traición en el Monumental
Escuchar artículo
00:00
Powered by Parclicks

En los pasillos gloriosos del Estadio Monumental de Guayaquil, cuna del Barcelona Sporting Club, el palco de prensa era un balcón privilegiado, símbolo de prestigio para los cronistas del fútbol ecuatoriano.

Durante la presidencia de un nefasto, esa joya arquitectónica se vendió sin pudor, un acto de desfachatez que dejó a los periodistas en la intemperie, relegados a tugurios improvisados en las gradas o a rincones olvidados del estadio.

Hoy, los reporteros que alguna vez dictaban crónicas desde esas alturas cómodas se apiñan en espacios precarios, micrófonos en mano bajo el sol abrasador o la lluvia torrencial de los partidos, mientras los nuevos dueños de los palcos brindan con cervezas frías.

Publicidad

La risa se oye desde las sombras de lujo: los responsables de la venta, cómodos en sus fortunas, se mofan de la ingenuidad de la prensa, que ahora cubre las hazañas toreras desde bancos astillados y sin aire acondicionado.

Bajo el calor de un selfie o los famosos influencer que dicen que lo ven más que su abuelita. Ellos manejan la comunicación actual y los petetes aplauden.

Es una humillación colectiva, un eco de promesas rotas que resuena en cada gol de Barcelona. La Risa Cínica de los Culpables. En bares y reuniones privadas, los artífices del negocio alzan copas y bromean sobre «el palco que financió sueños», ignorando el caos que dejaron.

Publicidad

Los periodistas, de antaño son una pena. Los colegas con dignidad tienen su herida pero no pueden hacer nada. Siguen narrando la pasión desde esos tugurios, convirtiendo la afrenta en combustible para sus relatos.

Y es una pena, los llamados a decir la verdad comulgan la desfachatez. Y, obvio, se quedan de grado los llamados grandes. Creen que insultar el respeto al aficionado es el pan de cada día

La desfachatez no solo vendió un espacio físico, sino que pisoteó el alma del periodismo deportivo guayaquileño, dejando una lección amarga: en el fútbol, hasta la prensa puede terminar en la popular.

Publicidad

Si no tienes miedo comenta y comenta no porque te quitan una credencial o te prohíben ingresar a un estadio como lo hicieron con este servidor sino porque eres PERIODISTA.

De la pluma:
MSc. Antonio Rodríguez Pazos

Publicidad