Las autoridades venezolanas ofrecieron este martes 30 de junio una nueva actualización sobre el impacto de los dos terremotos que golpearon al país el pasado miércoles. El presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez informó que la cifra de fallecidos asciende a 1.943, mientras que los heridos suman 10.571.
Balance de rescates y damnificados
Rodríguez detalló que 6.461 personas han sido rescatadas con vida de entre los escombros, y que en los primeros momentos de la emergencia entre 13.400 y 13.500 lograron salir por sus propios medios o con ayuda de familiares. “Nos tenemos que mantener en la búsqueda incesante de personas con vida. Nos tenemos que mantener en la esperanza de seguir consiguiendo a personas con vida bajo los escombros”, pidió el hermano de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez durante la transmisión en Venezolana de Televisión.
El presidente del Parlamento también confirmó que desde los sismos se han registrado 689 réplicas. Además, señaló que hay 15.866 personas damnificadas y 855 edificios dañados, de los cuales 189 colapsaron totalmente.
Zona más afectada
La región costera de La Guaira concentra la mayor devastación. Allí se estima que unas 30.000 personas, entre residentes y turistas, estaban presentes al momento de los movimientos telúricos. La cifra de rescatados con vida ha disminuido drásticamente con el paso de los días: de 2.407 el primer día, a 345 en el cuarto, cuatro en el quinto y apenas una persona este martes.
Aunque el gobierno evita referirse a desaparecidos, Naciones Unidas estima que podrían ser hasta 50.000 las personas que no figuran ni entre los sobrevivientes ni entre los fallecidos.
Apoyo internacional
Más de 3.300 rescatistas provenientes de 27 países, coordinados por la ONU, trabajan en las labores de búsqueda y rescate. Los terremotos afectaron Caracas y otros seis estados del norte del país, dejando una huella de destrucción que recuerda la tragedia de 1999, cuando un deslave en La Guaira cobró miles de vidas.
La emergencia sigue abierta y las autoridades insisten en que la prioridad es salvar vidas, mientras se avanza en la evaluación de daños y en la atención a los damnificados. La magnitud de la catástrofe ha puesto a prueba la capacidad de respuesta nacional e internacional, en un escenario marcado por la incertidumbre y la esperanza de encontrar más sobrevivientes.