El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, convocó este lunes un gabinete de crisis en la Casa Blanca para analizar posibles acciones militares contra Irán, tras considerar que la vía diplomática podría haber llegado a su límite. Según informó la vocera del gobierno, Karoline Leavitt, la reunión se realizará luego de esperar el resultado de una última gestión indirecta encabezada por Pakistán y Qatar, que hasta ahora no ha mostrado avances visibles.
Al encuentro asistirán el vicepresidente JD Vance, el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de Defensa Pete Hegseth, el enviado especial para Medio Oriente Steve Witkoff y el director de la CIA John Ratcliffe. La cita ocurre mientras Trump mantiene contactos telefónicos con líderes regionales para medir apoyos ante un eventual quiebre de la tregua y una ofensiva directa contra Teherán.
En paralelo, el mandatario estadounidense dialogó con el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, quien manifestó su respaldo a cualquier decisión que implique presión militar sobre Irán. Tras esa conversación, las Fuerzas de Defensa de Israel entraron en estado de alerta. Arabia Saudita, Baréin y Emiratos Árabes Unidos también siguen de cerca el desarrollo de la crisis, al considerarse potenciales blancos estratégicos en caso de escalada.
Mientras tanto, el ministro del Interior paquistaní, Mohsin Naqvi, se reunió en Teherán con su homólogo iraní, Eskandar Momeni, sin lograr avances sustanciales. El primer ministro qatarí, Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, también conversó con el canciller iraní, Abbas Araghchi, en un nuevo intento de mediación.
La tensión aumentó tras declaraciones públicas. “El desesperado presidente estadounidense debe saber que si cumple sus amenazas, enfrentará escenarios sin precedentes”, advirtió el vocero militar iraní Abolfazl Shekarchi. Trump respondió en su red Truth Social: “Para Irán, el tiempo corre… más les vale moverse, y rápido, o no quedará nada de ellos”.
En el centro de la disputa están las exigencias de Washington de garantizar la libre navegación en el Estrecho de Ormuz y la suspensión del programa nuclear iraní, dos puntos que mantienen la tensión en niveles críticos y que podrían definir el rumbo de la crisis en los próximos días.