La inseguridad ciudadana se ha convertido en el tema central de la campaña presidencial en Perú y en la principal preocupación de los votantes. Con ese telón de fondo, los candidatos Keiko Fujimori y Roberto Sánchez realizaron este jueves sus últimos actos en Lima, antes de la segunda vuelta prevista para el 7 de junio, en la que casi 27 millones de ciudadanos están convocados a las urnas.
En la primera vuelta, Fujimori obtuvo el 17,1 % de los votos y Sánchez el 12 %, lo que les permitió avanzar al balotaje. Ambos han puesto la seguridad en el centro de sus propuestas, aunque con enfoques distintos: Fujimori promete endurecer las medidas contra el crimen organizado y fortalecer a las fuerzas del orden, mientras Sánchez plantea combinar acciones policiales con inversión social y mayor presencia estatal en las regiones más vulnerables.
Datos oficiales citados por agencias internacionales indican que Lima registró 23 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2025, una cifra que triplica la registrada cinco años antes. “La seguridad se ha deteriorado fuertemente en Perú y esperamos que la persona que llegue al poder pueda mejorar la situación”, señaló la enfermera Jeanette Cordón en declaraciones recogidas por AFP, reflejando la inquietud de buena parte del electorado.
Las encuestas más recientes muestran un empate técnico entre ambos aspirantes, con una diferencia dentro del margen de error y un porcentaje significativo de ciudadanos aún indecisos. La elección se desarrolla en un contexto de inestabilidad política, con ocho presidentes desde 2016. Para algunos votantes, Fujimori representa experiencia y orden; para otros, Sánchez encarna la posibilidad de un cambio profundo.
El resultado del domingo será decisivo para definir el rumbo político del país en los próximos años. La seguridad, convertida en el eje de la campaña, marcará también las expectativas de un electorado que busca respuestas urgentes frente a la violencia y el crimen organizado.