La segunda vuelta presidencial en Perú arrancó este domingo con la apertura de los centros de votación a las 07:00, hora local. Más de 27 millones de ciudadanos fueron convocados para elegir entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, en unos comicios que definirán al próximo jefe de Estado para el periodo 2026-2031.
Inicio de la jornada
Antes de acudir a sufragar, Keiko Fujimori visitó un local de su partido, Fuerza Popular, en Villa El Salvador. Desde allí acompañó la salida de cientos de delegados encargados de supervisar el proceso electoral en distintos puntos del país. La candidata agradeció el trabajo de los voluntarios y destacó la importancia de la participación ciudadana.
Durante la campaña, Fujimori impulsó una red de 100 000 voluntarios y delegados electorales con el objetivo de cubrir las más de 92 000 mesas instaladas. La iniciativa responde a las dudas que la candidata ha expresado sobre el sistema electoral tras sus derrotas en 2016 y 2021.
Votación en el exterior
Los primeros sufragios contabilizados correspondieron a los peruanos residentes en Asia y Oceanía, donde la diferencia horaria adelantó el proceso. En países como Nueva Zelanda, Australia, Japón, Corea del Sur, China, Singapur, Filipinas y Malasia se habilitaron 112 mesas receptoras, convirtiendo a esos ciudadanos en los primeros en participar en la definición del futuro político del país.
Incidentes iniciales
Aunque las autoridades electorales aseguraron que el material estaba distribuido en todos los locales, en las primeras horas se reportaron inconvenientes en algunas mesas por la falta de listas de electores y papeletas. Los retrasos fueron menores en comparación con los registrados en la primera vuelta del pasado 12 de abril, y la jornada avanzó con normalidad en la mayoría de los recintos.
La elección se desarrolla en un contexto de inestabilidad institucional, con nueve presidentes en una década. El resultado de esta segunda vuelta marcará el rumbo de un país que busca recuperar la confianza en sus instituciones y superar la crisis política que ha debilitado la gobernabilidad en los últimos años.