La tensión comercial entre Estados Unidos y Brasil sumó un nuevo capítulo esta semana, tras el anuncio de Washington de imponer un 25 % de aranceles a productos brasileños. La medida fue defendida por el secretario de Estado, Marco Rubio, quien acusó al Gobierno de Lula da Silva de “no negociar de buena fe” y de aplicar políticas “malas para los estadounidenses y malas para los brasileños”.
Ante este escenario, el portavoz de la Cancillería china, Lin Jian, declaró que Pekín “está dispuesta a continuar la comunicación con Brasil y a trabajar con Brasil y otros países para salvaguardar conjuntamente el sistema de comercio multilateral con la Organización Mundial del Comercio en su núcleo, y defender la equidad y la justicia internacionales”. Subrayó además que una guerra arancelaria “no tiene ganadores”.
El Gobierno brasileño respondió de manera inmediata, rechazando las medidas de EE.UU. y anunciando que aplicará la ley de reciprocidad. En un documento oficial, denunció que “no existe ninguna justificación” para la adopción de medidas unilaterales y adelantó que iniciará trámites para contrarrestar la decisión.
La disputa se enmarca en un contexto político marcado por declaraciones cruzadas. Semanas atrás, el presidente brasileño calificó a Rubio como un “enemigo mortal” de la región y lo describió como “un latinoamericano frustrado”, en medio de la tensión generada por las tasas y por la designación de facciones criminales brasileñas como “organizaciones terroristas” por parte de EE.UU.
El caso abre un nuevo frente en la relación comercial internacional, donde China busca posicionarse como aliado de Brasil y defensor del sistema multilateral de comercio, mientras Washington endurece su postura frente a la política económica del Gobierno de Lula.