El canciller boliviano Fernando Aramayo afirmó este miércoles 20 de mayo que en su país “se está gestando un golpe de Estado” y señaló directamente al expresidente Evo Morales como el rostro de las protestas que exigen la renuncia del mandatario Rodrigo Paz. Aramayo acusó a Morales de impulsar una “sedición” y de buscar la “alteración del orden democrático”.
Las declaraciones fueron realizadas en la emisora argentina Radio Mitre y luego ampliadas en una intervención ante el Consejo Permanente de la OEA, donde el ministro denunció ataques a instituciones, amenazas a funcionarios y cortes de rutas estratégicas que afectan el suministro de alimentos, combustible e insumos médicos. “En las últimas semanas se han registrado acciones promovidas por grupos organizados que exceden el legítimo ejercicio de la protesta social y política, orientándose a generar condiciones de desestabilización institucional”, sostuvo Aramayo, quien pidió acompañamiento internacional.
Desde hace tres semanas, campesinos, obreros, mineros y otros sectores mantienen bloqueos y manifestaciones contra Paz, quien lleva apenas seis meses en el poder, en medio de la peor crisis económica en décadas. El gobierno asegura que las movilizaciones son orquestadas por Morales, prófugo de la justicia por un caso de presunta trata de una menor.
En paralelo, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia anunció la expulsión de la embajadora de Colombia, acusándola de “injerencia” luego de que el presidente Gustavo Petro calificara las protestas como una “insurrección popular”. La cancillería aclaró que la medida “responde a la necesidad de preservar los principios de soberanía, no injerencia y respeto mutuo entre Estados”, aunque no implica una ruptura de relaciones bilaterales.
Este episodio abre un debate sobre el papel de la OEA en la crisis, la influencia de Evo Morales en las movilizaciones y las implicaciones diplomáticas de la expulsión de la embajadora en las relaciones regionales.