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Universidad Internacional de Valencia (VIU): Señales emocionales detrás de la resistencia escolar

Que un niño no quiera volver al colegio no siempre significa pereza o capricho. Tal como explica la Dra. Antonia Martí Aras, especialista en acoso escolar y mediación de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), esta resistencia puede ser una alerta temprana de ansiedad, sobrecarga emocional o incluso situaciones de convivencia difíciles como el bullying. […]

Universidad Internacional de Valencia (VIU): Señales emocionales detrás de la resistencia escolar
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Que un niño no quiera volver al colegio no siempre significa pereza o capricho. Tal como explica la Dra. Antonia Martí Aras, especialista en acoso escolar y mediación de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), esta resistencia puede ser una alerta temprana de ansiedad, sobrecarga emocional o incluso situaciones de convivencia difíciles como el bullying.

Señales a observar en casa y en la escuela

  • Dolores físicos recurrentes (barriga, cabeza) sin causa médica clara.
  • Evitación constante: excusas, “enfermarse” justo antes de clases.
  • Cambios en el comportamiento: irritabilidad, cansancio, aislamiento.
  • Apego excesivo a los padres o dependencia inusual.
  • Alteraciones en el juego o hábitos: insomnio, pesadillas, autocrítica.

Diferencia clave: una resistencia pasajera dura pocos días; un malestar emocional se prolonga, se intensifica y afecta la vida cotidiana (rendimiento escolar, relaciones sociales, sueño).

Factores de riesgo

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  • Bullying o dinámicas poco inclusivas en el aula.
  • Sobreexigencia académica y entornos altamente competitivos.
  • Miedo al error, vergüenza o desgaste emocional.

Cómo actuar

  • Fomentar comunicación abierta entre familia, docentes y estudiantes.
  • Crear un entorno emocional seguro donde el niño pueda expresar lo que siente sin miedo a ser juzgado.
  • Escuelas con protocolos claros, equipos de orientación y formación en convivencia.
  • En casa: conversaciones semanales sin juicio, actividades para regular emociones (juego, arte, respiración) y dar cierto control sobre la rutina para recuperar seguridad.

La Dra. Martí enfatiza que la clave está en la detección temprana y en que familia y escuela “hablen el mismo idioma”. Con acompañamiento y escucha activa, el colegio puede volver a ser un espacio de aprendizaje, pertenencia y bienestar.

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