El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado sus declaraciones sobre Cuba durante su segundo mandato en 2026. En varias intervenciones, ha asegurado que la isla “está a punto de caer” y que “va a caer pronto”, calificándola como una “nación fallida” tras la pérdida del apoyo petrolero venezolano.
Trump ha sugerido incluso la posibilidad de un “friendly takeover” (toma amistosa) de Cuba y ha advertido que “Cuba va a ser la siguiente” después de otros países. En un mensaje directo al régimen cubano, afirmó: “NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO YENDO A CUBA — ¡CERO! Sugiero fuertemente que hagan un trato ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE”.
Entre las acciones concretas, Trump firmó una orden ejecutiva declarando a Cuba “una amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad de Estados Unidos. Además, el 1 de mayo de 2026 impuso nuevas sanciones contra represores, bancos y aliados del régimen cubano, incluyendo aranceles a países que envíen petróleo a la isla.
El mandatario ha prometido “un nuevo amanecer para Cuba” tras 70 años de espera y ha reiterado que su gobierno está listo para “ayudar al pueblo cubano” una vez que el régimen caiga. Estas declaraciones han generado fuerte polémica y reacciones inmediatas por parte del gobierno cubano.
Las posturas de Trump forman parte de una política de “presión máxima” contra el régimen de La Habana, con el objetivo de promover cambios políticos y económicos en la isla. Hasta el momento, no se han detallado acciones militares o intervenciones directas, pero sus palabras han elevado la tensión bilateral.