El menor que se burló de la Policía y volvió a matar
En la ciudad de Manta, Manabí, un adolescente de apenas 13 años se ha convertido en símbolo de la impunidad que azota al país. Todo comenzó el 28 de febrero de 2026.
Ese día, en un control rutinario, la Policía interceptó un taxi sospechoso. Dentro iba el menor, junto a dos adultos. Al registrar el vehículo, los agentes encontraron dos granadas de fragmentación y otras evidencias de alto riesgo. El adolescente no mostró miedo: mientras lo esposaban, se reía de los uniformados, hacía gestos burlones y les decía frases provocadoras frente a las cámaras de los celulares de los testigos. El video se viralizó rápidamente.
Fue detenido, pero solo por unas horas.
Un juez de garantías penales, aplicando la normativa de adolescentes infractores, decidió liberarlo argumentando que no había pruebas suficientes de participación directa en un delito consumado y que debía ser tratado bajo el sistema especializado de menores. La familia se lo llevó a casa. La Policía advirtió públicamente: “Este niño es peligroso. Si lo sueltan, volverá a delinquir”.
Tenían razón.
Trece días después, el 13 de marzo de 2026, el mismo menor fue detenido nuevamente en el sector La Pradera de Manta. Esta vez viajaba en otro taxi que intentó evadir un control policial. Al interceptarlo, los agentes encontraron:
- Una pistola calibre 9 mm
- Cargadores y munición
- Granadas
- Sustancias sujetas a fiscalización
Pero lo más grave no estaba en el taxi: estaba en su historial reciente.
Según las investigaciones de la Policía Judicial y la Dinased, este niño de 13 años habría participado directamente en un sicariato cometido en Manabí poco después de ser liberado. La víctima: un hombre de 42 años que fue asesinado a tiros en la vía pública. Testigos y evidencias balísticas apuntan a que el menor formaba parte del grupo ejecutor. El móvil: ajuste de cuentas por control de microtráfico en la zona.
El adolescente fue aislado inmediatamente y puesto bajo custodia especializada. Los dos adultos que lo acompañaban en el taxi fueron aprehendidos y enfrentan cargos por tenencia ilegal de armas y asociación ilícita.
En redes sociales y en la opinión pública el clamor es unánime: “Ya es hora de que sean juzgados como adultos. Basta de impunidad”.
La Fiscalía General del Estado y el Consejo de la Judicatura analizan si el caso cumple los requisitos para solicitar que el adolescente sea procesado bajo el Código Orgánico Integral Penal como adulto, dada la gravedad del delito (sicariato) y la reincidencia inmediata tras su liberación.
Mientras tanto, la madre del hombre asesinado solo repite una frase entre lágrimas: “Lo soltaron para que matara a mi hijo. ¿Quién responde por eso?”.
El caso del “sicario niño” de Manta se ha convertido en el símbolo más crudo de lo que muchos llaman “la puerta giratoria” de la justicia ecuatoriana para menores infractores que cometen crímenes de sangre.presencia de armas al 911 o al 1800-DELITO, con garantía de reserva absoluta de identidad.