La 68ª edición de los Premios Grammy en el Crypto.com Arena dejó momentos memorables, pero ninguno tan inesperado como el regreso de Justin Bieber a los escenarios tras cinco años de ausencia.
El cantante canadiense sorprendió con una puesta en escena minimalista y arriesgada: apareció vestido únicamente con boxers grises y calcetines negros, acompañado de una guitarra eléctrica y un looper. Con esa sobriedad, interpretó YUKON, tema nominado a Mejor Interpretación de R&B, dejando que su voz y sus tatuajes hablaran por sí mismos. El público lo recibió con una mezcla de sorpresa y entusiasmo, mientras él cantaba con los ojos cerrados, en un gesto de entrega absoluta.
Desde la audiencia, Hailey Bieber se convirtió en parte del espectáculo. La modelo y empresaria fue captada por las cámaras observando a su esposo con orgullo, y al finalizar la actuación selló su apoyo con el característico “aplauso con los dedos” de la Generación Z. La pareja había llegado horas antes a la alfombra roja con un estilo elegante y sobrio, en contraste con la desnudez simbólica del show.
A pesar de las cuatro nominaciones, incluido Álbum del Año por SWAG, Bieber se fue sin premios. Sin embargo, su interpretación se convirtió en el momento más comentado de la gala, superando incluso a los ganadores en repercusión digital.
El regreso de Bieber, su tercera actuación en los Grammy tras las de 2011 y 2016, confirma que sigue siendo capaz de acaparar titulares y conversación global. Aunque no levantó un gramófono, sí logró lo que pocos artistas consiguen: convertir su presencia en el verdadero centro de la noche.
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