Israel lanzó una nueva ofensiva contra objetivos de Hezbolá en el sur del Líbano, en una jornada marcada también por el aplazamiento de las conversaciones que Estados Unidos e Irán tenían previsto celebrar en Suiza.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron este viernes que durante la noche atacaron posiciones del grupo chiita y que las operaciones militares continúan. Según el ejército israelí, los bombardeos buscan neutralizar a combatientes e infraestructuras de Hezbolá, organización a la que acusa de incumplir de forma reiterada el alto el fuego.
Los ataques causaron muertos y heridos, además de daños en viviendas y otros bienes civiles. Ante el aumento de la violencia, numerosos habitantes abandonaron las zonas afectadas y se desplazaron hacia Beirut en busca de seguridad.
En medio de la escalada, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuestionó la magnitud de las operaciones israelíes. Durante una comparecencia junto al emir de Catar, Tamim bin Hamad Al Thani, el mandatario señaló que las acciones militares no deben poner en riesgo a la población civil.
Trump afirmó que no es necesario destruir edificios residenciales para perseguir objetivos específicos y recordó que muchas de las personas que viven en esas zonas no tienen vínculos con Hezbolá.
La situación añade presión a los esfuerzos diplomáticos que Washington mantiene con Teherán. Irán había planteado como una de sus principales exigencias el cese de los ataques israelíes contra territorio libanés y la retirada de las fuerzas israelíes de las áreas ocupadas en el sur del país.
A este escenario se sumó la suspensión de las conversaciones previstas para este 19 de junio en Burgenstock, Suiza. El Ministerio de Relaciones Exteriores suizo confirmó que el encuentro no se realizará en la fecha programada. La decisión se conoció después de que el vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, cancelara su viaje para participar en las negociaciones.
El recrudecimiento de los enfrentamientos en el Líbano y la paralización temporal del diálogo entre Washington y Teherán evidencian las dificultades para avanzar hacia una solución diplomática. Mientras la violencia continúa afectando a la población civil, los intentos de alcanzar acuerdos políticos enfrentan nuevos desafíos en una región cada vez más inestable.