El océano Pacífico ecuatorial, frente a las costas de Ecuador, evidencia condiciones anómalas que anticipan la posible consolidación del fenómeno de El Niño. El Instituto Oceanográfico y Antártico de la Armada (Inocar) reporta un incremento del nivel del mar entre 6 y 20 centímetros en los últimos meses, asociado al calentamiento oceánico sostenido.
“Lo que podemos ver hasta el momento son condiciones anómalas todavía de la temperatura del mar, y una evolución que prácticamente nos hace prever para este trimestre las condiciones iniciales de un evento de El Niño”, explicó Carlos Perugacchi, director de Oceanografía del Inocar, en entrevista con Teleamazonas.

El organismo mantiene un sistema de predicción basado en modelos internacionales y mediciones locales. La región Niño 3.4, ubicada en el Pacífico central, ya registra temperaturas entre 2 y 3 grados centígrados superiores a lo normal, superando el umbral crítico para declarar oficialmente el fenómeno.
El buque oceanográfico Orión salió el 17 de mayo a recorrer 26 estaciones en el Pacífico ecuatorial. Los científicos miden variables físicas como temperatura, salinidad y velocidad del sonido del agua hasta los 800 metros de profundidad, además de parámetros químicos y biológicos. El objetivo es contrastar los modelos matemáticos con datos reales y verificar cómo el calentamiento altera las condiciones normales del océano.
El Gobierno declaró el nivel de alerta amarilla el 19 de mayo en 17 provincias, 143 cantones y 491 parroquias vulnerables, principalmente en zonas hasta los 1.500 metros sobre el nivel del mar. La medida busca preparar a las comunidades ante posibles impactos de lluvias intensas y eventos extremos.
Los modelos climáticos internacionales y nacionales coinciden en que la probabilidad de consolidación del fenómeno alcanza el 95 % en agosto de 2026. Según Perugacchi, los meses de noviembre, diciembre y enero serían los de mayor impacto, cuando el océano caliente se acople con la atmósfera, generando condiciones favorables para lluvias intensas.
El evento podría prolongarse hasta los primeros meses de 2027, con una duración similar o mayor a la registrada en 1997 y 2023. Aunque la intensidad final aún es incierta, la comunidad científica advierte que Ecuador debe prepararse para un escenario de efectos prolongados.