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Amor que trasciende el tiempo en el Registro Civil de Guayaquil

En un gesto cargado de emoción y complicidad, Dalia Esther Bravo (63 años) y Humberto Florencio Carriel (73 años) decidieron formalizar su unión en el Registro Civil de Guayaquil, luego de compartir 35 años de vida juntos. La pareja, originaria de Los Ríos y radicada desde hace años en la urbe porteña, llegó tomada de […]

Amor que trasciende el tiempo en el Registro Civil de Guayaquil
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En un gesto cargado de emoción y complicidad, Dalia Esther Bravo (63 años) y Humberto Florencio Carriel (73 años) decidieron formalizar su unión en el Registro Civil de Guayaquil, luego de compartir 35 años de vida juntos. La pareja, originaria de Los Ríos y radicada desde hace años en la urbe porteña, llegó tomada de la mano a la Agencia Centro, uno de los puntos con mayor afluencia de contrayentes en la provincia del Guayas.

El momento estuvo acompañado por hijos, nietos y familiares, con la presencia especial de su hija mayor, Mónica Carriel, quien viajó desde Suiza para estar junto a ellos. Entre risas y recuerdos, la ceremonia se convirtió en un símbolo de amor y compromiso que trasciende el tiempo.

Dalia destacó la atención recibida durante el trámite: “La atención fue muy buena y súper rápida, eso fue lo mejor… para que no se me vaya el novio”, comentó con humor, reflejando la calidez del ambiente.

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El coordinador zonal 8 del Registro Civil, Axel Narváez Cobos, resaltó que estos matrimonios fortalecen la familia y reflejan la confianza ciudadana en los servicios públicos, que buscan ser ágiles, dignos y de calidad.

En el marco de las celebraciones por el Día del Amor y la Amistad, este viernes 13 de febrero se prevé que más de 100 parejas contraigan matrimonio en las agencias de la Zona 8. La Agencia Centro congregará a más de 80 de ellas, consolidándose como uno de los principales espacios donde se celebran los momentos más importantes de la vida de los ecuatorianos.

Este caso muestra cómo el amor puede esperar décadas para formalizarse, pero nunca pierde su fuerza ni su significado. Una historia que se suma a las celebraciones de San Valentín y que recuerda que el compromiso verdadero no tiene fecha de caducidad.

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